El 28 de
mayo de 1972, Luis de la Fuente y Hoyos falleció a los 58 años. Hoy, a 40 años
de su partida, los aficionados al futbol recuerdan las hazañas de quien ha sido
considerado uno de los mejores futbolistas de la historia.
Al paso de
los años, las anécdotas de jugador, bohemio, trovador se han convertido en
leyenda que las nuevas generaciones conocen y disfrutan.
Cuatro
décadas han pasado y no hay todavía nadie que pueda igualar el cariño y
devoción que la afición jarocha le guarda al gran ídolo, es de sorprender que
generaciones que todavía no nacían cuando el Pirata ya había muerto le
reconozcan como el más grande de la historia.
Luis de la
Fuente fue más que un jugador de futbol, fue la encarnación de la identidad
jarocha, festiva, aguerrida, mágica, luchadora, bohemia, alegre. No en vano fue
él quien inspiró la melodía Veracruz que su amigo y compañero de rondas,
Agustín Lara, compuso para celebrar el ser veracruzano.
De la
Fuente fue además, y lo más importante, un superdotado para la práctica del
futbol, un atleta imparable, el primer orquestador del futbol mexicano, con una
visión de campo envidiable, un remate de cabeza certero y letal y el manejo
exquisito de ambas piernas.
Su clase le
alcanzo para dejar su magia en cuatro décadas distintas, la carrera del Pirata
duró de 1929 a 1951, hazaña que pocos futbolistas y atletas de alto rendimiento
podrían presumir.
De la
Fuente entregó su técnica y magia en equipos mexicanos como América, Marte,
Real España y Aurrerá; en Argentina militó con el legendario Vélez Sarsfield,
en España con la Racing de Santander y en Paraguay con el Atlético Corrales.
Pero sin
lugar a dudas, el equipo que más quiso y en el que es recordado como el más
grande fueron los Tiburones Rojos de Veracruz.
Los Tiburones
le deben al equipo comandado por De la Fuente, los dos campeonatos de liga que
con los que cuentan, los de las temporadas 1945-1946 y 1949-1950.
La FIFA
incluyó al Pirata en el lugar 76 de la lista de los 100 mejores
jugadores del siglo XX.
Hoy, a 40
años de su muerte, se puede afirmar que cada vez hay menos personas que lograron
ver la calidad del Pirata en vivo en una cancha de futbol, sin embargo, su
leyenda vive en el corazón de todos los veracruzanos, incluso los más jóvenes
que han escuchado de padres y abuelos las hazañas de aquel "rumbero y
jarocho" que marcó para siempre al futbol nacional.
RR